03 junio 2011

Canciones del Despertar

Todos tenemos alguna conexión con canciones cuyas letras o melodías nos llegan hondo y despiertan todo tipo de emociones.



Algunas son lugares comunes: por ejemplo al enamorarnos o al finalizar una relación casi todas las canciones de amor parecen haber sido creadas pensando en nosotros.

Las hay otras que nos remiten a la infancia, a la adolescencia, a alguien que quisimos mucho y ya no está, a unas vacaciones, y tantos etcéteras.

La música está tan conectada a lo emotivo y lo subconsciente que todos, absolutamente todos tenemos un soundtrack de nuestra vida.


Pero existen también canciones, con o sin letra, que parecen conectarse profundamente sin tener, a veces, una aparente relación con nuestros recuerdos o estados emocionales actuales.

Estas canciones estén tal vez, probablemente, llamando recuerdos largamente olvidados, otros traumas, deseos inconfesados, momentos felices como también dolorosos.

Les propongo un interesante ejercicio de reconocimiento: cuando encontremos esas canciones que nos son tan atractivas sin que podamos explicar porqué, intentemos bucear esas emociones que se despiertan dentro nuestro, esas palabras y melodías son claves que seguramente encierran mucho de nosotros que tenemos el derecho y el deber de conocer, enfrentar y valorar.


¡Conócete a tí mismo!


Cierto es que tales ejercicios requieren de coraje y pasión: la pasión por entendernos, comprendernos y aceptarnos, para así poder reconectarnos con el universo que nos rodea tal cual como lo hacíamos cuando transitábamos los primeros años de vida.

En esos tiempos éramos como lienzos en blanco, completamente abiertos a la percepción, maravillados con el mundo e incapaces de juzgar, aceptando el amor, el deseo y la maravilla sin condiciones. En esos tiempos éramos todo curiosidad y contento, sin dudar que seríamos protegidos y amados sin saber porqué, sólo tomándolo como una verdad absoluta e incontestable.


"El infierno son los otros"- dijo Jean P. Sartre. Poniendo en relevancia lo difícil de las relaciones humanas. Y son éstas relaciones, que son parte de la vida, las que tanto nos afectan para bien y para mal.

Pero la relación más difícil sea tal vez la relación con uno mismo, tironeados por el afuera y el adentro ¡Qué difícil se hace el encontrar un sano balance!

Existen variadas formas de buscar tal balance: desde la psicoterapia, la psiquiatría, la meditación y tantísimas terapias que van desde las ciencias hasta lo esotérico.





No es mi intención entrar en debates, sólo decir que no existe lo bueno ni lo malo sino lo adecuado y lo inadecuado. El autoconocimiento es un camino tan personal como lo es el ser religioso.

"Caminante no hay camino" Es cada quien que, sintiendo esa profunda necesidad de encontrarse a sí mismo, hartos de ser esclavos de la angustia, la furia, la depresión y el drama; saturados de ponernos palos en nuestras propias ruedas es que uno inicia una búsqueda por caminos que, si han de llevar a la verdad, no pueden ser indicados ni precedidos por otros. Tal vez, y con mucho cuidado de no interferir, acaso ser acompañados. La palabra del otro puede acercar otro punto de vista pero nunca es definitivo. Sólo nosotros tenemos el deber de hallar las respuestas.

Por tanto no existen fórmulas y mucho menos mágicas para llegar a ése lugar al que sólo podemos llegar por nosotros mismos por que está destinado sólo para cada cual. Tú lugar, mí lugar y el lugar de otros es tan único y particular como nuestra vida, como nuestras huellas digitales, como nuestro ADN... como nuestra Voz.

Y ese camino toma tiempo, paciencia, coraje y mucho amor. Ese amor que se aprende a través del conocimiento, ese amor que crece cada día, que hasta cambia y se redefine constantemente. Ese amor que se siente en la intimidad, ese mismo amor es el que nos debemos a nosotros  primero. Porque nadie puede dar lo que no tiene.


La música es una manera como tantas de arrimarse a ese ser casi desconocido que somos. Toma paciencia y tiempo porque la intimidad toma tiempo. Toma coraje y aceptación porque seguramente vamos a encontrar en nosotros muchas cosas que no nos agradan y que no aceptamos a primera vista. Pero la comprensión y la intimidad van creando un lazo tan profundo con nosotros mismos, con quienes somos, que lentamente aprendemos a amarnos sin creernos ni más ni menos que lo que somos: ni ángeles ni diablos, simplemente únicos, una maravillosa, particular y única expresión del universo.



13 mayo 2011

Instrucciones para Cantar

Quiero compartir con ustedes un pequeño gran texto.

Puede parecer extraño. bizarro, imposible... pero les aseguro que refleja exactamente lo que debe hacerse al cantar.

No es común ponerlo de esta forma, pero es cierto. Tampoco es común que un escritor entienda un arte que le es ajeno, pero no estoy citando a cualquier autor.

Julio Cortázar, por cierto, fué un gran intuitivo además de un gran intelectual. Ambas condiciones necesarias para llegar a ser, no sin esfuerzo, un gran artista.

Presten atención y no tomen a la ligera estas "Instrucciones para cantar". Les aseguro que es un buen resúmen de lo que cada día intento, (tal vez con menos eficiencia, pero con más tiempo y paciencia), transmitir.

Si acaso logran comprender estas palabras y llevarlas a la práctica sin duda lograrán resultados estupendos.


"Instrucciones para cantar"

Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared,  olvídese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje  sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye  un sabor de pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo.

Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.

- Julio Cortázar.
Historias de Cronopios y de Famas.



Tal cual, les juro, cantar es eso... Cantar es meterse muy dentro de uno, olvidarse del mundo, y dejar que el sonido salga solo. Y luego dejar que esa voz nos muestre imágenes y sensaciones que más tienen que ver con lo onírico, con lo que llevamos escondido en lo más recóndito antes que cualquier cosa que escuchemos en la radio o en MTV.

Entonces ocurre la maravilla: el fascinarnos con esa voz que es propia pero no es, por que no la controlamos, porque somos a la vez el cantante y el auditorio, porque lo que sucede va más allá de nuestro control e imaginación. Y éso es cantar: es emocionarse y emocionar a una vez. Cantar es ser todo voz y todo oídos.



05 mayo 2011

La alegría de Cantar

El cantar es, sin dudas, una de las formas clásicas de expresar alegría. Pero también pena. El canto está claramente conectado a las emociones.


Es efecto, pero también causa de nuestras emociones, se retroalimentan: Cuando estamos felices naturalmente sentimos la necesidad de cantar. Lo mismo cantar nos devuelve la alegría. Igualmente podemos estar muy contentos hasta que escuchamos una canción que nos trae recuerdos o nos sugiere ideas tristes.

Podemos entonces ya dejarnos llevar por los sentimientos e incorporar la canción, o podemos utilizar sus melodías para transformar nuestros sentimientos.

Es un buen ejercicio, que todos podemos permitirnos, el investigar, probar y comprobar cómo la canción nos afecta y cómo afectamos a la canción.

No es un ejercicio fútil: por un lado nos va a permitir establecer lazos con quienes somos, con nuestra singular humanidad, y aún fortalecerlos. El autoconocimiento mismo. Por otra parte semejante ejercicio nos abre las puertas de la percepción, e incluso ahondar en ella.

Así es: algo tan simple, tan poco valorado como cantar y escuchar, si lo permitimos, si nos ponemos a ello con seriedad puede introducirnos en algo igualmente serio e importante: el autoconocimiento y el desarrollo de la percepción.

Y no quiero dejar pasar el tema de la seriedad: uno debe ser absolutamente serio en el disfrute, tanto como en el reconocimiento del ser. De hecho, nada hay más importante en la vida que saber disfrutar y conocerse lo suficiente para permitirse ese disfrute. Viene junto con otras necesidades básicas como el respirar, hidratarse, alimentarse y refugiarse. Entre la necesidad de preservar la vida se enlaza la percepción y el disfrute. Y todas estas necesidades, incluso el placer y el auto reconocimiento, se desarrollan desde la cuna.

Sin disfrute, sin placer la vida carece de sentido. Suena duro pero veremos que es cierto: ¿Porqué queremos tener un hogar placentero y cómodo? Sin el placer, sin el disfrute lo mismo da vivir en una mansión que en una cueva. ¿para qué queremos cosas bellas, ropas agradables, comidas sabrosas, licores deliciosos? ¿Por qué nos rodeamos de personas que nos son agradables como amigos y familia? ¿Para qué asistimos a espectáculos, museos, parques, leemos libros etc.? ¿Porqué algunos buscamos incluso la trascendencia del ser?

¿Es acaso una mera cuestión de estatus, una búsqueda de la aprobación ajena? ¿O es acaso para proporcionarnos placer y disfrute en el transcurrir de nuestra vida?

Detengámonos en esta cuestión, no es banal el preguntarse el porqué de nuestra búsqueda, la motivación real de tanta fatiga y tanto esfuerzo.

Si hacemos lo que hacemos para agradar a otros, para ser considerados, para obtener la aprobación ajena, mejor no seguir leyendo. Este blogg no es para esos ojos. Una sola consideración al respecto: Nunca, jamás lograremos la completa aceptación de parte de los otros. Nunca alcanzaremos la felicidad si la felicidad depende de otros.

Si la respuesta que nos damos es que hacemos todo lo que hacemos y nos esforzamos como lo hacemos es básicamente para darnos placer a nosotros mismos , si incluso cuando damos placer a otros nos complacemos,  entonces entenderemos la importancia, la seriedad del asunto.

Volvamos al canto. El cantar, en realidad crear belleza de cualquier manera, es en principio un acto de amor hacia nosotros mismos. También es un acto de reconocimiento y aceptación de nuestro ser, de nuestra única manera de ser.

La aceptación es siempre un acto de amor, es siempre una forma de amar y amarnos sin razones ni porqués. Amar seriamente nuestra forma de expresarnos nos valida ante nosotros mismos y ante los otros.

"Porque estoy en este mundo para ser quien soy y aportar de esa manera, mi única manera, a la diversidad que hace bella la vida. Soy belleza porque tengo vida, soy todo lo que debo ser porque soy. "

Y una vez que aprendemos a complacernos a nosotros mismos, ya sea a través del arte, de la sensualidad, de darnos lo que necesitamos para perdurar en la existencia es que aprendemos a amarnos. Cuando aprendemos a amarnos aprendemos a dar y amar también a otros. Cuando aprendemos a pararnos con pié firme en la existencia, cuando reconocemos y expresamos la melodía que vive en nosotros es que podemos entonces acercarnos al ensamble universal, al maravilloso coro de la vida. En completa armonía.

Te propongo aprender y manejar las herramientas del canto, como una seria, clara y absolutamente disfrutable manera de encontrar tu propia armonía.

26 abril 2011

Todo oídos!!!

¡Cuántas veces escuché la frase: "yo no tengo oído para nada", "tengo una papa en al oreja" "Soy más sordo que una tapia", y otras por el estilo!

Es cierto que el aparato auditivo es frágil. Es cierto que es complejo. Cuando el aparato auditivo está dañado, ciertamente el escuchar se complica. Pero el oír y el escuchar, siendo dos cosas totalmente diferentes, no dependen únicamente del tímpano.

No voy a referirme a los problemas de audición relacionados a problemas físicos sino a los problemas de audición, (o supuestos problemas), que tienen que ver con el ejercicio de la audición en sí. O sea: cómo escuchamos y qué interpretamos.

Por empezar¿Qué entendemos por oír y qué por escuchar?

Si oír es percibir sonidos y escuchar es decodificar y dar sentido a esos sonidos fácilmente caemos en cuenta de la importancia del cerebro, de la intención explícita de comprender lo que se oye.

Y sí: un aparato auditivo medianamente sano oye en forma constante y sin interrupción todo sonido producido en un radio cuyo alcance depende del aparato en sí.

Pero la máquina que oye, requiere de una mente que entienda, que escuche.

Es claro entonces: para escuchar hay que entender, para entender hay que prestar atención.

Es curiosa la cuestión de los sentidos: perciben mucho más de lo que nos percatamos.

La mente otra vez: los ojos ven todo lo que nos rodea, la nariz huele todo lo que nos rodea, la piel siente todo lo que toca o la toca, el oído oye todo sonido a nuestro alrededor.

Y sin embargo cuántas veces vemos sin ver, respiramos sin oler, tragamos sin degustar, tocamos sin sentir, oímos sin escuchar.

Y no porque nuestros sentidos estén dormidos o estén dañados, sino simplemente porque mentalmente estamos cerrados a la percepción.

Así de simple.

Cuando una persona cualquiera, de quien sepa no tiene problema auditivo alguno, me dice que no tiene oído, que es un verdadero sordo, etc. casi siempre con un dejo de resignación y casi esperando que exista alguna manera de hacer música sin escucharla, rápidamente les digo lo que ya todos sabemos aunque nos cueste aceptar: lo único que se requiere para desarrollar una habilidad es práctica.

Así de simple.

Sin excusas.

Un oído medianamente sano es absolutamente capaz de percibir y enviar la información al cerebro.Si el oído oye pero el cerebro no escucha, claramente el problema no está en el oído sino en el cerebro que no sabe o no quiere escuchar.

¿Necesito decir lo importante que es saber escuchar?

El saber es una herramienta, una capacidad que se obtiene por aprendizaje o por talento. El talento es un savoir fair, un saber hacer sin saber cómo se sabe. Y como no se sabe qué lo provoca tampoco se sabe de dónde viene ni cuál es su alcance. Está o no está, es una característica tan única como las huellas digitales. Está, y si está es bueno usarlo. Pero como nadie nace con un manual del usuario, no sabemos que está hasta que se presenta la oportunidad y se muestra a sí mismo. En el caso del oído, un talento es el oído absoluto.

El aprendizaje, por el contrario, es bastante más claro: se sabe de dónde viene, a dónde va, a qué se aplica, y hasta cuánto tiempo tomó el adquirirlo. El aprendizaje es una forma gradual de obtener el saber.
No todos nacemos con oído absoluto, la capacidad de escuchar en forma distinta y con claridad cada sonido y su relación a aquello que lo produce y su afinación de acuerdo a una escala de sonidos.

No, no todos tenemos oído absoluto como talento pero todos, (con un aparato auditivo medianamente sano), podemos adquirirlo mediante la práctica y el aprendizaje.

Cuánto tiempo y a qué grado de percepción se llegue no depende más que del interés que se tenga en adquirir dicha capacidad.

Como en cualquier experiencia en la vida el nivel de interés y compromiso es directamente proporcional a la intensidad y alcance de lo que se experimenta.

Así de simple.

Cuanto más tiempo y atención estemos dispuestos a comprometer, tanto más intensa y profunda es la experiencia.

Y cuanto más nos sumergimos en la experiencia, en el momento, más rica y completa es la percepción.

Cuanto más rica y completa la percepción, mayor es el nivel de disfrute y por ende mayor la capacidad de proporcionarnos felicidad.

Como ya sabemos, el sonido es una onda que viaja en el espacio y a través de los objetos. Nuestro cuerpo es físico, la representación material de nuestro ser. Su materia es sensible a las ondas sonoras. El sonido atraviesa la totalidad del cuerpo. Estas ondas sonoras vibran en todo nuestro ser. El aparato auditivo es sólo la parte más sensible al sonido y que más inmediata y claramente lo transmite al cerebro. No es casual que las  orejas estén pegadas al cráneo.

Pero a no olvidar que el cuerpo entero percibe el sonido, como es evidente cuando asistimos a un recital o una disco donde los decibeles son tan altos que claramente percibimos estas vibraciones desde la planta de los pies hasta la cabeza.

En un mundo que nos aturde con su sobrecarga de información visual, sonora, olfativa, etc. es paradójico que no nos permita el tiempo mínimo necesario para ahondar en la percepción.

No son los sentidos que no funcionan, es la sobredosis, el exceso lo que nos hace inmunes a la percepción.
Pero, sabiendo esto, viéndolo con claridad, solo nos queda aceptar que nadie nos va a dar el permiso y la oportunidad para ampliar nuestra percepción, para disfrutar más de lo que ya tenemos, porque es evidente, no es rentable detenerse a disfrutar sino continuar acumulando. Y cuanto más acumulamos, menos capaces somos, más inmunes nos tornamos al disfrute. La flor más perfecta, el rostro más bello, la melodía más dulce se tronan insufribles con el exceso de la repetición. Nuestro platillo favorito es intragable si es lo único que comemos cada día, varias veces al día.


No, nadie nos va a dar el permiso. Somos nosotros quienes podemos darnos ese permiso. Y nadie más. No depende de la edad, ni de la capacidad de ahorro. No depende de la compañía, ni del lugar donde estamos. Sólo depende de nosotros. Aquí y ahora. Donde sea que estemos. Como sea que estemos.

23 abril 2011

El cuerpo como instrumento

Gran y común error es considerar a las cuerdas vocales como únicas productoras de la voz.
En realidad el cuerpo entero debe ser tratado y entendido como un instrumento.
Somos, de pies a cabeza un instrumento. Melódico o rítmico, dependiendo de cómo se lo utilice. O incluso ambos.

Cierto es que las cuerdas vocales son, por usar una metáfora, el eslabón débil de la cadena: son frágiles, cualquier fresco irrita e inflama la zona, generando disfonía e incluso afonía. Cualquier catarro las molesta, cualquier tensión las paraliza.

Pero en rigor de verdad las cuerdas son sólo eso: un eslabón de la cadena.

El cuerpo es el que las contiene, son parte de nosotros. El cuerpo contiene también los pulmones, la caja toráxica, y la cabeza que es en definitiva la que vocaliza y ecualiza los sonidos producidos por el paso del aire a la altura de las cuerdas vocales.

Y el cuerpo se sustenta en nuestras dos piernas, y la garganta y cuello están conectados a los hombros, los brazos y hasta las manos.

El sonido es un efecto físico, una vibración que viaja en el espacio y a través de los cuerpos.
Hay cuerpos que absorben los sonidos por su cualidad espesa y opaca, otros lo reflectan, por su cualidad lisa y fina, provocando lo que conocemos como reverberación y eco. A nuestro cuerpo le caben ambas cualidades: puede ser absorbente tanto como refractante, dependiendo de cómo lo utilicemos.

¡Más aún! el cuerpo es a la vez productor y receptor a un mismo tiempo: es un aparato fonador a la vez que es un aparato receptor. Y esta doble cualidad, aparentemente diversa es, paradójicamente, lo que nos permite emitir y a la vez percibir. Esta doble cualidad es lo que nos permite expresarnos cabalmente.
 Más adelante voy a referirme al cuerpo como aparato receptor, pero ahora quiero enfocarme en el cuerpo como instrumento, es decir, como aparato fonador en su totalidad.

Las piernas y su posición nos da la estabilidad para que el sistema respiratorio funcione a pleno. Y esto es básico para poder contar con un sonido claro y capaz de controlar su potencia, sus volúmenes, lo que en lenguaje musical se denomina "dinámica".

Por su parte, los brazos y su peso en estado de relajación ayudan, a su  vez, a la correcta postura de la garganta, permitiendo el paso del aire, así como la correcta vibración de las cuerdas.
Una postura recta, más no en tensión, de la espalda permite el paso del aire, tanto como a una correcta reverberación del sonido.

La postura de la cabeza va a determinar la ecualización del sonido producido a la altura de las cuerdas vocales: medios, bajos y brillo van a delinear la calidad del sonido final.

Queda claro, entonces, que es necesario estar en absoluta comunión con la totalidad del cuerpo, su musculatura, sus órganos internos y externos y hasta el mismo esqueleto: todo hace al instrumento.

Finalmente es el cerebro quien ordena el cuerpo, pero es el espíritu quien permite el estado justo de relajación. Una mente alterada por los sucesos cotidianos, un cuerpo maltratado por un día de tensiones, un espíritu magullado por los traumas y las presiones no están en condiciones de producir un sonido agradable
¿Cuántos detestamos nuestra propia voz? ¿Y la voz de otros? ¡Qué común es sentirse atraídos o repelidos por la voz propia o ajena! Dicen que el alma se refleja en en la mirada... yo sé que el alma se percibe en la voz. Y lo que la voz muestra es imposible enmascarar.

Somos nuestra voz, mas nuestra voz puede reflejar nuestro ser o aquello en lo que nos hemos transformado.

La voz puede ser también la máscara que nos hemos acostumbrado a usar sin saberlo.

Es importante saber que nuestra voz natural es tan bella como nuestro ser natural. Si nuestra voz no es agradable es acaso que no estamos de acuerdo a nuestro verdadero ser.

Todos podemos cantar. Todos tenemos esa belleza interior que sólo puede mostrarse en nuestra voz. Tantas bellas voces no corresponden a cuerpos perfectos, ni a seres exitosos. Aquello que no vemos, aquello que no es evidente según las normas sociales y estéticas se deja percibir en la voz. ¿Cuántos se han enamorado de las voces de Pavarotti, Susan Boyle y Barry White? ¿Significa esto que son ellos mejores personas? No necesariamente, pero sí son personas que están en armonía con quienes son, se aceptan en su belleza única y esto se hace evidente en su voz. ¿Han notado como ninguno de ellos ha incurrido en cirugías estéticas ni dietas?

Vale entonces la pena arriesgarse a hacer ese viaje al interior, esta introspección que nos ayuda a encontrar la armonía, esa belleza única que reside en todos y cada uno de nosotros.

Aprender a conocernos es aprender a  aceptarnos, y aceptarnos como somos es el paso más firme en el camino a una vida plena y felíz.